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Cuando la experiencia habla, la IA escucha

10 junio, 2026

Te cuento la lección que me dieron la semana pasada un grupo heterogéneo de magistrados del Tribunal Supremo, profesores y abogados de primera fila en una conferencia sobre los retos y límites del lenguaje jurídico.

 

El pasado viernes el Centro Jurídico Garrigues organizó una jornada sobre lenguaje jurídico y tribunales en la que los organizadores (Mercedes de Prada y Ricardo Jiménez Yáñez tuvieron la amabilidad de invitarme a participar. Me gustaría compartir con vosotros una reflexión que tuve ese día (y que está relacionada con el uso de la IA).

Debo empezar confesando que para preparar mi intervención en la mesa redonda trasteé un poco con la máquina. Como calentamiento, hice varios ejercicios de tormenta de ideas (brainstorming) para sacar hilos de los que tirar. Las respuestas fueron bastante ramplonas y previsibles, pero las apunté en mi cuaderno para tener algunos ases en la manga durante la partida.

La máquina me sugirió mencionar el empobrecimiento del lenguaje como consecuencia de la pérdida del hábito de lectura, la necesidad de completar la formación de los alumnos con casos prácticos, las carencias sobre expresión oral y escrita en los programas académicos actuales y algunas ideas más por el estilo. Un output muy estandarizable, escalable y paquetizable.

A esto añadí notas de cosecha propia sobre experiencias reales en juicio y dando talleres de redacción jurídica en despachos de abogados y administraciones, junto con algunas propuestas que había tomado “prestadas” de autores especialistas en la materia.

La conferencia empezó con dos ponencias internacionales en formato online. En la primera, Laura Smith-Khan (University of New England, Australia) compartió con nosotros su estudio sobre el grado de eficacia del tipo de lenguaje usado por los organismos de Asistencia Jurídica (Legal Aid) para cumplir con su misión estatutaria: mejorar la alfabetización jurídica de la comunidad.

En la segunda ponencia, Barbara De Cock y Stéphanie Pécher (Université Cathilique de Louvain, Bélgica) expusieron las conclusiones de su estudio cómo el lenguaje jurídico utilizado en los informes de derechos humanos sobre el estallido social chileno de 2019 se transforma y circula en los medios de comunicación y las redes sociales.

Después pasamos a las mesas redondas en formato presencial. En cuanto empezó el coloquio y Maria Ángeles Parra tomó la palabra, me di cuenta de lo ridículos que eran los garabatos que había hecho en el cuaderno “soplados” por la IA. La magistrada habló sobre los retos actuales en el uso del lenguaje judicial y su experiencia en el Tribunal Supremo. Los asistentes (alumnos, profesores y profesionales) escuchaban con la mayor atención. Los ponentes también lo hacíamos. No todos los días tienes en la sala de conferencias a una jueza de la Sala Civil hablando con franqueza sobre lo destacable y lo mejorable de algunos de los recursos que llegan a sus manos.

Ruth Breeze, filóloga y profesora en la Universidad de Navarra, nos habló sobre la tradición de los essays en las universidades británicas. A esto añadió su amplio bagaje formando a los juristas del futuro.

Fue José Antonio González Salgado, filólogo y asesor lingüístico de Uría Menéndez, quien señaló con el dedo el elefante en la habitación: el enorme trastorno que la IA supone ya en la escritura de los abogados. Su posición privilegiada dentro de su despacho le permite observar cómo afectan las nuevas tecnologías a la práctica de la abogacía tanto por parte de los veteranos como de las nuevas generaciones.

Asumiendo mi rol de letrado de tribunales, hice una defensa de la abogacía en sala y de cómo esa faceta de nuestra profesión no está amenaza por la IA (al menos hasta que lleguen las guerras de clones a los estrados). Y, como casacionista, apunté la idea de que las máquinas pueden definir con precisión el estado actual de la jurisprudencia del Tribunal Supremo en una determinada materia, pero carecen del criterio jurídico y la sensibilidad social necesarios para proponer cambios de doctrina.

En la segunda mesa redonda de la mañana, Fernando Vives, socio director de Garrigues, compartió con la audiencia algunas de sus experiencias en la negociación de contratos complejos. Apostó con rotundidad por la claridad en la redacción como mecanismo ideal para evitar controversias y costes sociales. Me hizo gracia que dijera que el mejor elogio que puede recibir un abogado de empresa es que, después de firmado el contrato, nadie le llame para quejarse o pedirle que interprete una cláusula. Nunca había pensado que nuestros compañeros mercantilistas podían tomar los silencios como elogios tácitos.

Carlos Lesmes nos explicó su labor como presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ para consolidar un proceso de clarificación que ya había empezado con la creación de una Comisión de Modernización del Lenguaje Jurídico. Este proceso ha dado lugar al Diccionario del español jurídico (2016), que nació gracias a un convenio con la RAE, al Libro de estilo de la Justicia (2017) y al Diccionario panhispánico del español jurídico (2017).

Antonio del Moral, magistrado de la Sala Penal del Supremo, amenizó la jornada con un amplio repertorio de anécdotas judiciales en las que combinó el tono humorístico con una enriquecedora moraleja. Y, como buen “disfrutón” del Derecho, charló además sobre los distintos estilos y técnicas que usan algunos jueces en sus sentencias.

Por último, Eduardo Torres-Dulce, ex fiscal general del Estado, tuvo la genialidad de disertar sobre algo tan preocupante como la destrucción del lenguaje jurídico salpimentando su discurso con toques de humor y referencias literarias o cinematográficas.

La conferencia fue un ejemplo de cómo fluye el debate cuando reúnes en una misma sala a magistrados, académicos y abogados. Fue la experiencia acumulada y el toque personal lo que hizo que las distintas intervenciones fueran tan útiles e interesantes para todos nosotros. Las notas estandarizables, escalables y paquetizables se quedaron donde debían estar: en el cajón.

La experiencia y el criterio humano siguen siendo la mejor tecnología del conocimiento.

Hace poco leí un proverbio chino que me gustó: «Cuando bebas agua, recuerda la fuente».

Gracias al Centro Jurídico Garrigues por una jornada tan refrescante.

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