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¿Citas? Mejor a ciegas

29 junio, 2015

La industria digital se gasta cada año millones de euros en la búsqueda de nuevas formas de mejorar la experiencia de la lectura. Estudios sobre maquetación, selección de formatos y tipografía. Lanzamiento de nuevos dispositivos de lectura (libros electrónicos, tabletas, aplicaciones para teléfonos móviles). Opciones a la carta para cambiar el tamaño de letra, el tipo de letra o el brillo de la pantalla para evitar la fatiga visual. El objetivo último es hacer más cómoda la lectura y proporcionar una experiencia de usuario satisfactoria. La industria sabe que obtiene un enorme beneficio con el arte de mantener a sus lectores contentos.

Tal vez, los abogados deberíamos reflexionar más sobre esta cuestión. ¿Intentamos que nuestros escritos sean fáciles de leer? Nuestro estilo de redacción no siempre está orientado al objetivo último: persuadir y convencer al juez. A fin de cuentas, los abogados escribimos para ganar.

Para persuadir necesitamos que el juez lea con interés y atención nuestro escrito. Del principio al fin. Para ello necesitamos que su experiencia de lectura sea agradable. Las frases deben fluir ante sus ojos. Los párrafos deben sucederse con cierta armonía. Las hojas deben volar entre sus dedos. Los argumentos deberían desarrollarse sin interrupciones. Los abogados muchas veces hacemos todo lo contrario. Ponemos decenas de trampas a lo largo del texto para dificultar la lectura: frases interminables, latinajos innecesarios, bloques de jurisprudencia de corta y pega. Convertimos inconscientemente lo que debería ser un paseo por el parque en una carrera de obstáculos.

En este artículo vamos a dar un consejo muy sencillo y fácil de aplicar: elimina las citas legales y jurisprudenciales del campo central de visión. Llévalas al final del párrafo y, si eres un “transgresor”, atrévete a ponerlas como notas al pie de página. En el texto principal deja solo la fuente de autoridad.

Un escrito jurídico tiene como finalidad exponer los argumentos a favor de nuestro cliente de forma didáctica y convincente. Las citas son necesarias para indicar la autoridad que respalda nuestras tesis. Sin embargo, el sistema de citas que utilicemos no debería romper la fluidez del argumento. Las citas deberían frenar lo mínimo posible el avance de la lectura y, al mismo tiempo, estar fácilmente localizables. La lectura de escritos es una parte muy importante del trabajo de los jueces. Tal vez la parte central en el caso de los magistrados de apelación y casación. Por ello, es recomendable mantenerles contentos.

Pongamos un ejemplo.

En un caso que llevo ante el Tribunal Supremo, me llegó un escrito con una excelente calidad jurídica en el que leía lo siguiente:

“La página 5, apartado 6 del Acuerdo del Tribunal Supremo de 30 de diciembre de 2011 sobre criterios de admisión, impone, como requisito general a los escritos de interposición de recursos de casación, la exigencia de la razonable claridad expositiva para permitir la individualización del problema jurídico planteado.

Este escrito podría hacerse más liviano aplicando la regla que acabamos de ver. Así, el texto recomendado según la vía “moderada” sería éste:

El Tribunal Supremo exige, como requisito general, que los recursos de casación tengan una razonable claridad expositiva para permitir la individualización del problema jurídico planteado (Acuerdo TS 30.11.2011, pág. 5, apdo. 6).

Según la escuela “radical” (permitidme la expresión), la cita se caería al pie de página. Bryan Garner, uno de los gurús de la redacción jurídica, es partidario de esta tendencia y ha llegado a decir lo siguiente:

“Pocas reformas de redacción beneficiarían al mundo legal más que adoptar estas reglas: (1) pon todas las citas en notas al pie y (2) evita las notas al pie para todo lo que no sean citas[1]”.

Debo decir que su criterio es controvertido y tiene firmes detractores. Sin embargo, el creciente uso de hipervínculos en la prensa de internet parece indicar que el futuro irá en esa dirección. Los periodistas, que conocen bien el oficio de escribir, tienden a suprimir del texto todas las referencias que dificulten una narración lineal, clara y directa.

En futuros artículos explicaremos otros mecanismos para conseguir textos más despejados Por el momento, nos conformaremos con destacar que las citas deben estar siempre en un segundo plano, arrinconadas donde no se vean. No olvidemos que hay quienes saben que puede obtenerse un enorme beneficio mejorando la experiencia de lectura. Las citas, mejor a ciegas.

[1] Bryan A. Garner, A Dictionary of Modern Legal Usage 156 (2d ed. 1995)

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