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Asaltar los cielos (judiciales)

5 junio, 2015

Vivimos tiempos convulsos. La realidad económica y social está en permanente estado de agitación. La historia demuestra que este contexto favorece los cambios políticos. Pablo Iglesias y otros profesores de la Complutense lo saben y, por eso, se lanzaron a crear Podemos. Eran conscientes de que la crisis y el clima general de indignación habían abierto una ventana de oportunidad para la irrupción de una nueva formación. En su momento de mayor empuje, Pablo Iglesias dijo en su discurso de Vistalegre que aspiraban a tomar el cielo por asalto.

Personalmente estoy muy lejos de ser persuadido por la retórica de Pablo Iglesias, pero me gano la vida con las palabras y sé reconocer el magnetismo de su lenguaje. La imagen del asalto a los cielos me cautivó. Hurgando un poco por ahí descubrí que la expresión fue utilizada por Karl Marx en una carta de 1871 para describir el sentimiento de la insurrección que dio lugar a la Comuna de París. Parece ser que, a su vez, Marx se pudo haber inspirado en los versos de Friedich Hölderlin que recrean la mitología griega. Este poeta romántico describió como un asalto al cielo la revuelta de los titanes contra los dioses del Olimpo.

Digo todo esto porque las situaciones socio-económicas convulsas también son contextos propicios para los cambios jurisprudenciales. Por mi práctica de casación, acostumbro a observar los cielos. Y os puedo decir que el Olimpo judicial está agitado. Los magistrados del Alto Tribunal no permanecen indiferentes ante la tragedia que se desarrolla aquí abajo. La jurisprudencia bancaria, financiera y concursal se está escribiendo ante nuestros ojos. Los dramas domésticos provocados por la crisis están poniendo a prueba el derecho de familia. Los pronunciamientos del TJUE y del Consitucional han obligado a repensar nuestro procedimiento ejecutivo.

Un caso muy ilustrativo es el de la doctrina de la rebus sic stantibus. La jurisprudencia del Tribunal Supremo había sido tradicionalmente muy restrictiva en la aplicación de esta cláusula incluso en aquellos supuestos de desequilibrio contractual provocado por cambios de ciclo económico. Cuando parecía que esta doctrina estaba ya escrita en piedra, el Supremo ha considerado que la grave crisis que nos azota debe calificarse de circunstancia extraordinaria e imprevisible que puede afectar al cumplimiento de los contratos de larga duración. Así lo ha declarado al analizar un contrato en el sector publicitario y otro en el sector hotelero. Y, como se sabe, dos sentencias son ya jurisprudencia. (Sobre esta cuestión puedes leer: El TS revoluciona el sector inmobiliario y La cláusula rebus sic estantibus no puede dar tanto de sí).

A lo anterior se suman otros dos factores. El primero es que, según ha declarado en una entrevista Francisco Marín Castán, presidente de la Sala Civil, el Supremo tiene interés en desarrollar el marco de protección del consumidor. Además, ha reconocido que son muy receptivos a los aires jurisprudenciales que vienen de Europa. El segundo factor es que tenemos actualmente en el Supremo una plantilla de magistrados muy jóvenes (varios de ellos apenas superan los cincuenta años) con ganas de trabajar y dejar huella.

Yo tengo el honor de formar parte del equipo legal que acaba de emprender una odisea particular. Representamos a un grupo de 89 ahorradores afectados por el colapso de Lehman Brothers y los bancos islandeses. Admitido a trámite nuestro recurso de casación, acabamos de franquear las puertas del Olimpo. Avanzamos como extraños en el paraíso, tratando de abrir nuestro propio camino. Ahora el Supremo deberá decidir si se pueden acumular las acciones de inversores. Esta sentencia puede cambiar las vidas de nuestros clientes y dar alas otra vez a las demandas de grupo.

Lo dicho. El Olimpo está agitado. Se ha abierto una ventana de oportunidad para iniciar el ascenso. La verdadera misión del Tribunal Supremo es unificar el derecho y crear doctrina. Sus magistrados tienen vocación para asumir nuevos retos y acomodar el derecho a la realidad de los tiempos. Quien tenga la audacia para identificar un caso con interés casacional puede iniciar una revuelta de titanes. Ahora, más que nunca, necesitamos abogados que quieran asaltar los cielos.

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